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Cómo tratar su ropa para evitar contagios

Hay que educarles para que no la compartan, y lavar y desinfectar bien en casa

De

Los padres nos preocupamos de que nuestros hijos se contagien de las enfermedades habituales de la infancia durante sus actividades cotidianas y queremos evitarlo. La gripe estacional de la temporada invernal, la pediculosis, hongos, varicela, gastroenteritis, conjuntivitis o enfermedades respiratorias, se propagan de diversas maneras.

Si hay algo en lo que los expertos se ponen de acuerdo para evitar contagios es en que debemos seguir y hacer seguir a los niños unas pautas de higiene (lavarse las manos, etc.) Pero, sin duda, la higiene de la ropa para los niños es también esencial para evitar la trasmisión de enfermedades.

El papel de la ropa en los contagios

Foto © Mayoral

A través de la ropa se trasmiten virus, bacterias y parásitos. Y esa trasmisión se produce por el intercambio de prendas mediante juegos, contactos lógicos en percheros, armarios o vestuarios en casa y en el colegio, o a través de la ropa de cama y de casa, que propaga cualquier afección a toda la familia.

Podemos tomar sencillas medidas para prevenir los contagios. Si éstas no funcionan, debemos limpiar, lavar y desinfectar la ropa para luchar contra la fatídica gripe estacional, y contra cualquier otra dolencia que enferme a nuestros pequeños.

Guarderías y colegios

Los bebés que van a la guardería, y los niños más pequeños, están sometidos a cuidados colectivos y se enferman por contagio con facilidad. Los niños y adolescentes están expuestos por defecto, puesto que su vida transcurre al menos en un tercio de su tiempo, fuera de casa. Tengan la edad que tengan, no deberían compartir en los centros escolares ni platos, ni servilletas, ni la ropa.

Podemos evitar que enfermen con más facilidad si se mantiene su ropa de cambio, sus baberos, su jerséis y abrigos, siempre en su propio sitio. Para eso es perfecto que los centros escolares habiliten una percha, taquilla o cajón específico para cada alumno y que cuidadores y profesores no utilicen las prendas de un niño para otro.

Ni compartir ni jugar con la ropa

Debemos educar a los niños, desde muy pequeñitos, para que no jueguen con su ropa y no la tiren o la dejen caer en el piso. Pueden estropearla y, por supuesto, mancharla . Un gorro o una bufanda, por ejemplo, pueden ser muy divertidos, pero son capaces de transmitir muchos virus o bacterias.

También hay que inculcarles para que no compartan su ropa. Salvo en los niños escrupulosos, en difícil conseguir que sigan estas pautas. Pero debemos recordárselas para que nos ayuden con la higiene de las prendas.

Cuidados preventivos en casa

Si existe un brote epidémico en el colegio o la guardería, podemos tratar de impedir que la enfermedad entre en nuestra casa.

La primera medida es básica; tus hijos deben vestirse acorde al clima en el que viven. Si no se abrigan con nieve fuera, o van con demasiada ropa si hace calor, las enfermedades encuentra el camino fácil para anidar en ellos. No transijas por mucho que les moleste vestirse o desvestirse. Ten en cuenta siempre la temperatura exterior y oblígales a llevar la ropa que creas necesaria. Si tienes un bebé, pon especial cuidado a la hora de abrigarle.

Busca un hueco cerca de la puerta exterior de la vivienda para que tengan siempre a mano los abrigos o chaquetas, los gorros, bufandas y guantes , tanto para cogerlos, como para dejarlos si les sobran.

Atajar los primeros síntomas

Si alguno de los niños ya tiene tos o malestar, o cualquier síntoma de infección, una vez diagnosticada la enfermedad, hazle entender que debe cubrirse la boca y la nariz cuando tosa o estornude, para no contagiar al resto de la familia. Como si fuera un juego, consigue si es posible que utilice mascarilla.

Ropa de casa

Si un niño ya está afectado, aíslale en su habitación hasta que pase la enfermedad y pon ropa de algodón en su cama. No permitas que nadie comparta sus toallas, fundas, almohadas o pañuelos, porque la ropa de casa es una gran transmisora de enfermedades. Si es posible, cambia y lava toda esta ropa a diario. Los pañuelos, mejor desechables.

Lavado y desinfección

Para no contagiar a toda la familia, la ropa del niño enfermo, y la que utilice en casa, (desde el abrigo hasta el pijama y las sábanas) debe ser lavada y desinfectada.

Una de las maneras de conseguir desinfectar la ropa es remojarla previamente al lavado en una solución de agua con agua oxigenada. Se trata de un producto barato, que todos tenemos en casa, y que no daña los tejidos de ningún tipo.

Otro producto barato y accesible, que desinfecta y limpia, es el bicarbonato. Tampoco estropea la ropa y le aportará frescor y ausencia de malos olores.

Desinfectar con legía

Sin duda, a la hora de desinfectar, el hipoclorito de sodio, principal componente de la lejía, es el producto estrella. Con legía se puede desinfectar la lavadora tras lavar la ropa utilizada por el niño enfermo y la ropa de casa, principalmente la blanca.

Si se quiere desinfectar absolutamente cualquier prenda, se puede usar una cucharada de lejía disuelta en diez litros de agua. Se mete a remojar la ropa durante unos diez minutos, se aclara muy bien y se lava normalmente. Si queremos asegurarnos de cuidar y no estropear ropa de color, o que no sea de algodón o lino, en el mercado hay productos con hipoclorito de sodio para ropa de color, que acaban igualmente con las bacterias. Haz siempre una prueba para comprobar que no estropeas las prendas.

Temperatura y vapor

La ropa lavada a altas temperaturas y sometida a tratamiento de vapor a chorro también obtiene una buena desinfección. Sin embargo, hay que tener cuidado porque los gorros, guantes, bufandas, ropa de lycra, abrigos y jerséis pueden estropearse con estos tratamientos y con lavados y productos drásticos.

Para eliminar las posibles enfermedades, lávalos según las indicaciones de las etiquetas sin aumentar la temperatura del agua, y sin utilizar legía. Valora tus posibilidades de dejarlos como nuevos con el bicarbonato o el agua oxigenada, y confía también en el planchado con vapor a alta temperatura.

Si dudas, lleva esa ropa a la tintorería; puede merecerte la pena el gasto. Conservarás la ropa, sobre todo si es de calidad, y te aseguras de que no queda resto de gripe, varicela, conjuntivitis, pediculosis y cualquier otra infección desagradable.

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